Octubre en la chacra, octubre en el cielo
Hay meses que pasan sin avisar, y hay otros que llegan golpeando la puerta. Octubre es de los segundos. En el sur del mundo no es el mes que empieza a apagar el año: es el que lo enciende. Acá, en nuestro pedazo de Cordillera, la primavera ya está en todo su apuro, y lo lindo es que se nota igual mirando para abajo, a la tierra, que mirando para arriba, al cielo.
Te invitamos a hacer las dos cosas.
En la tierra: lo que se junta y lo que se guarda
La chacra en octubre es un ir y venir. Con una mano se cosecha y con la otra ya se está sembrando lo que vendrá.
De la huerta están saliendo las cosas frescas y tempranas: la frutilla colorada que se come caminando entre los surcos, la lechuga tierna que todavía no sufrió el calor del verano. Es tiempo de ensalada, de cosas livianas, de empezar a sacarle el cuerpo a los guisos largos del invierno.
Y mientras se junta eso, se prepara el plato grande del año. Octubre es mes de siembra: el maíz (avatí), el maní, la mandioca (mandi’o) que no falta en ninguna mesa, el sésamo y la soja que miran al campo más abierto. Lo que hoy es una semilla metida en tierra tibia, en unos meses va a ser el almuerzo de alguien. Esa paciencia —meter algo chiquito hoy para comerlo dentro de medio año— es, quizá, la cosa más sabia que hace una familia que vive del campo.
Por eso nos gusta decir que en la granja no se trabaja para hoy. Se trabaja para octubre que viene.
En el cielo: una lluvia de estrellas para el 21
Ahora levantá la vista. El cielo de octubre también tiene su cosecha, y este año cae en fecha: el martes 21 de octubre llega el pico de las Oriónidas, una de las lluvias de estrellas más fieles del año.
No es magia, aunque lo parezca. Las Oriónidas son polvito que fue dejando el cometa Halley en sus vueltas al Sol. La Tierra, cada octubre, cruza esa huella, y esos granitos entran a toda velocidad y se encienden en el aire. Cada rayita de luz que ves apagarse es un pedacito de cometa quemándose a cien kilómetros sobre tu cabeza.
Para verlas no hace falta nada comprado:
- Dónde: cuanto más oscuro, mejor. El campo paraguayo, lejos de las luces del pueblo, es el mejor telescopio que existe.
- Cuándo: las horas más oscuras, después de medianoche y hasta el amanecer. La madrugada del 21 al 22 es la buena.
- Cómo: nada de mirar fijo a un punto. Acostate, dejá que el ojo se acostumbre a la oscuridad unos quince minutos, y mirá el cielo entero. Van a aparecer de a poco, por sorpresa, donde menos las esperás.
Y si el cielo esa noche está nublado, no te preocupes: las Oriónidas no son de un solo día, se dejan ver varias noches antes y después.
Un mismo calendario
Lo que nos gusta de octubre es que la tierra y el cielo parecen ponerse de acuerdo. El mismo mes que empuja el brote también enciende las estrellas. El que madruga para sembrar es el mismo que, si levanta la cabeza un segundo, se lleva de regalo una luz que viajó millones de kilómetros para apagarse justo arriba de su surco.
En Granja Óga tratamos de vivir con los dos calendarios a la vista: el de la siembra y el de las estrellas. Por eso hicimos nuestro cielo, para que cualquiera —desde el celular, gratis y sin registrarse— pueda saber qué fase tiene la luna, a qué hora se esconde el sol o qué anda pasando esta noche allá arriba.
Así que este octubre te proponemos un trato: plantá algo, aunque sea una semilla en una maceta. Y una de estas noches, salí al patio, apagá la luz y esperá. La tierra te va a responder en unos meses. El cielo, con suerte, esa misma noche.
Feliz primavera, del campo a tu casa.